La historia que registra la Biblia: desde la creación hasta la redención

La Biblia contiene numerosos libros, pero desarrolla una historia conectada. Su relato presenta la creación, la ruptura del ser humano con Dios y la obra de reconciliación realizada mediante Jesucristo.
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Image by Steve Haselden from Pixabay
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La historia de la Biblia comienza con Dios creando el mundo y termina con la promesa de una creación renovada. Entre ambos extremos, sus libros muestran las consecuencias del pecado y la acción de Dios para reconciliar consigo a la humanidad.

La Biblia no presenta esta historia en un único libro ni mediante una narración continua. El relato avanza por medio de acontecimientos, leyes, poemas, profecías, Evangelios y cartas apostólicas. Cada parte aporta elementos necesarios para comprender el conjunto.

En una frase
La Biblia cuenta cómo la creación se apartó de Dios y cómo Dios actuó mediante Jesucristo para reconciliarla y conducirla hacia su restauración.

La creación y el propósito original de Dios

El relato bíblico comienza afirmando que Dios creó los cielos y la tierra. La creación no aparece como producto de una lucha entre dioses ni como un accidente sin propósito. Dios es presentado como su origen, dueño y ordenador en Génesis 1:1-31.

El ser humano recibe un lugar particular dentro de la creación. Varón y mujer son creados a imagen de Dios y reciben la responsabilidad de cuidar y administrar el mundo en Génesis 1:26-28.

La humanidad también disfruta una relación directa con su creador. Dios entrega al ser humano libertad, responsabilidades y límites en Génesis 2:15-17. El escenario inicial muestra vida, comunión y orden.

Este comienzo establece el diseño con el cual se comparará todo lo que ocurre después. La Biblia permitirá reconocer qué se perdió, por qué se perdió y hacia dónde conduce la obra de Dios.

La ruptura causada por el pecado

La armonía inicial se rompe cuando el ser humano desobedece a Dios. Génesis presenta esta decisión como una búsqueda de autonomía: la criatura pretende determinar el bien y el mal sin someterse a su creador.

Las consecuencias afectan las relaciones humanas, el trabajo, la creación y la comunión con Dios. Adán y Eva se esconden, se responsabilizan mutuamente y son expulsados del huerto en Génesis 3:1-24.

El problema continúa en las generaciones siguientes. La violencia aparece en Génesis 4:1-16 y la corrupción se extiende en Génesis 6:5-13. La humanidad no consigue corregir por sí misma la ruptura que ha provocado.

Sin embargo, Dios no abandona su creación. Antes de finalizar el relato de la caída, aparece una primera promesa de victoria sobre la serpiente en Génesis 3:15.

Idea clave
La restauración no comienza con seres humanos que encuentran el camino de regreso. Comienza con Dios actuando para rescatar lo que su creación no puede reparar por sí sola.
¡Siempre ha sido DIos! La humanidad simplemente ha decidido responder o no a ese llamado.

Abraham y la promesa de bendición

La historia se concentra posteriormente en Abraham. Dios le promete una descendencia, una tierra y una bendición que alcanzaría a todas las familias del mundo en Génesis 12:1-3.

Esta elección no significa que Dios haya perdido interés en las demás naciones. Abraham y su descendencia son llamados para que, mediante ellos, la bendición divina alcance a toda la humanidad.

La promesa continúa con Isaac y Jacob. La familia de Jacob llega a Egipto, donde sus descendientes terminan sometidos a esclavitud. Dios escucha su clamor y llama a Moisés para liberarlos en Éxodo 3:1-10.

El éxodo se convierte en uno de los grandes actos de salvación del Antiguo Testamento. Dios rescata a Israel, establece un pacto y lo llama a ser una nación santa en Éxodo 19:3-6.

Israel, la ley y el reino

La ley entregada a Israel regula su relación con Dios y su vida como pueblo. Sus mandamientos abarcan la adoración, la justicia, las relaciones sociales y la responsabilidad hacia los más vulnerables.

La ley también expone la gravedad del pecado. Israel recibe instrucciones claras, pero su historia muestra repetidamente desobediencia, idolatría e injusticia.

Con el tiempo, el pueblo establece una monarquía. Dios promete a David que su descendencia tendría un papel duradero dentro de su reino en 2 Samuel 7:12-16. Esta promesa alimentará la esperanza de un rey futuro.

La historia de los reyes, sin embargo, confirma que ningún gobernante humano logra resolver el problema de fondo. El reino se divide y ambos pueblos terminan enfrentando juicio y destierro.

Los profetas y la esperanza de restauración

Los profetas denuncian el pecado de Israel, pero también anuncian esperanza. Su mensaje no se limita al regreso desde el destierro. Apunta hacia una intervención más profunda de Dios.

Isaías presenta a un siervo que cargaría con el pecado de otros en Isaías 52:13-15 e Isaías 53:1-12. Jeremías anuncia un nuevo pacto en el cual la ley de Dios sería escrita en el corazón en Jeremías 31:31-34.

Ezequiel describe la promesa de un corazón nuevo y un espíritu nuevo en Ezequiel 36:22-28. También presenta a Dios devolviendo vida a un pueblo que parecía completamente perdido en Ezequiel 37:1-14.

Estas promesas preparan al lector para comprender a Jesucristo. La solución esperada no consistiría solamente en reparar instituciones o recuperar territorios. Dios transformaría la relación entre él y su pueblo.

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Compara Génesis 3:15, Génesis 12:1-3, Jeremías 31:31-34 e Isaías 53:4-6. Estos pasajes permiten seguir el avance de la promesa desde la ruptura inicial hasta el anuncio de la reconciliación.

Jesucristo en el centro de la historia

El Nuevo Testamento presenta a Jesús como el cumplimiento de las promesas anteriores. Los Evangelios conectan su identidad con Abraham, David, los profetas y la esperanza del reino de Dios.

Jesús anuncia la llegada del reino y llama a las personas a arrepentirse y creer en el evangelio en Marcos 1:14-15. Sus acciones muestran autoridad sobre la enfermedad, el pecado, la naturaleza y la muerte.

Su muerte ocupa el centro del mensaje cristiano. Jesús relaciona su sangre con el establecimiento del nuevo pacto en Lucas 22:19-20. Su entrega también cumple el propósito de servir y dar su vida por muchos, descrito en Marcos 10:45.

La historia no termina en la cruz. Los apóstoles anunciaron que Jesús resucitó, apareció ante numerosos testigos y venció la muerte, según 1 Corintios 15:3-8.

La redención bíblica incluye perdón, liberación y reconciliación. Mediante Jesucristo, Dios ofrece una respuesta al pecado que había roto la relación presentada al comienzo de Génesis.

La Iglesia dentro del plan de Dios

Después de la resurrección y ascensión de Jesús, el evangelio comienza a anunciarse públicamente. En Jerusalén, quienes reciben el mensaje son bautizados y pasan a formar una comunidad dedicada a la enseñanza, la comunión, la oración y el partimiento del pan en Hechos 2:37-47.

La Iglesia no aparece como una historia distinta de la obra de Cristo. Es el cuerpo formado por quienes han sido reconciliados con Dios y reconocen a Jesucristo como su cabeza, conforme a Efesios 1:20-23.

Desde ese momento, el evangelio se extiende más allá de Israel. Personas de diferentes pueblos son incorporadas a una misma comunidad mediante Jesucristo, como explica Efesios 2:11-22.

Este artículo solamente sitúa a la Iglesia dentro del relato bíblico. Su naturaleza, organización y misión serán desarrolladas en las entradas dedicadas específicamente a ese tema.

Pregunta relacionada
¿Qué dice la Biblia sobre la Iglesia?
La Biblia presenta a la Iglesia como el pueblo reunido por Cristo, su cuerpo y una comunidad llamada a vivir y anunciar el evangelio. Una entrada independiente examinará estos conceptos en detalle.

La promesa de una nueva creación

La Biblia termina mirando hacia el mismo horizonte con el que comenzó: la creación de Dios. Sin embargo, ahora presenta un mundo liberado de la corrupción y plenamente reconciliado con su creador.

Pablo señala que la creación entera espera ser liberada de la corrupción en Romanos 8:18-25. La salvación, por tanto, no se limita a una experiencia privada ni al perdón aislado de ciertas personas.

Apocalipsis anuncia cielos nuevos y tierra nueva. Dios habita con su pueblo, la muerte es vencida y todas las cosas son renovadas en Apocalipsis 21:1-5. El árbol de la vida reaparece dentro de esta creación restaurada en Apocalipsis 22:1-5.

Así se cierra la historia de la Biblia. El relato comienza con una creación buena, muestra su corrupción y concluye con la promesa de su renovación. Jesucristo ocupa el centro porque, mediante él, Dios realiza la reconciliación que conduce la historia hacia ese final.

Para profundizar
Continúa con ¿Cuál es la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?, ¿Por qué Jesús es llamado Cristo? y El Nuevo Testamento como guía para la fe y la Iglesia. Estas entradas desarrollarán las conexiones presentadas en este recorrido.
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